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Guía de Compra - Conectividad

Los cables

Dime qué cable quieres y te diré quién eres
Es cierto: hay un montón de cables diferentes en las tiendas de electrónica. No se trata sin más de una mera cuestión de vanidad humana. Ni tampoco de una insaciable intención recaudatoria y comercial por parte de las compañías de electrónica (aunque algo de eso siempre hubo, siempre hay y siempre habrá). Hay muchos cables en el mercado porque de hecho hay muchos aparatos tecnológicos, y muchas son las funciones que deben cumplir unos y otros.


Una noción básica y trascendental es la de ancho de banda, que viene a resumir la variedad de (y la velocidad en) la transmisión de datos que un sistema de cableado soporta o puede soportar. La banda ancha está determinada por las características de los componentes de un sistema de cableado. En pocas palabras, dime qué cable tienes y te diré que conexión puedes permitirte.


De modo que cada tipo de cable aporta una posibilidad, una solución, un funcionamiento a un determinado equipo informático. No todos los cables sirven para todos los aparatos, y los hay también que sirven mejor que otros. Desentrañar un poco este galimatías para el lector nuevo en la materia, sin decir demasiadas obviedades que acaben por agotar al más versado, parece una tarea ardua y difícil. Vosotros nos diréis si lo conseguimos o no.

Tipos de cables

Una gran, gran variedad de cables
Pero cuidado: ese profano que presume de desconocerlo absolutamente todo sobre temas informáticos, electrónicos o digitales, en el fondo es un mentiroso. Tal vez no sepa los nombres, pero ¿quién no conectó un DVD, enchufó un ordenador o sencillamente sintonizó una tele? Por arriba, abajo, en medio y detrás de todos nuestros muebles y aparatos siempre andan ellos: los cables, esos desconsiderados e impertinentes chismes que parecen disfrutar enredándose entre ellos de las más caprichosas maneras.


Por ir abriendo boca, mencionemos algunos de los cables más populares. Tenemos los cables de vídeo para monitor VGA, que conectan la placa de vídeo a un monitor. También existen cables para impresora: el ordenador se conecta a la impresora por medio de un conector DB25M. En ningún caso nos podríamos olvidar de los cables USB, auténticos todoterreno, que conectan prácticamente cualquier aparato con menos de una década de existencia (¡qué pronto se envejece en el siglo XXI!). Y por supuesto, tenemos los cables HDMI, las joyas de la corona del reino de los cables: un cable para dominarlos a todos, según la acertada definición del Blogger de turno. ¿Cansados de tanto cable? Esperen y vean.

VGA

Los cables VGA y otros cables similares
Porque todavía tenemos tiempo de mencionar los cables de red, los cables IDE, los cables de fuerza, los cables MIDI, los cables FireWire, o los cables... que se le cruzan a uno cuando le hablan de cables y más cables. Lo mejor es que, para no enredarnos más con tanto cable, nos ciñamos a esa trilogía de que, por su relevancia, ha dominado, domina y, presumiblemente, dominará la microelectrónica durante muchos años más. Nos referimos a la sucesión VGA, DVI y HDMI.


VGA (se suele escribir en mayúscula) son las siglas de "Video Graphics Array", expresión que viene a significar algo así como "Matriz Gráfica de Vídeo". Se trata de un estándar de entrada y salida de gráficos para ordenadores, esto es, y dicho a grandes rasgos, el canal por el que la información que procesa el ordenador llega hasta la pantalla para ser proyectada en forma de imágenes. La patente es de IBM, y pertenece a una fecha ya tan lejana como 1987. O sea: es un producto de la era analógica (en efecto, joven lector, hubo una época en la que el mundo era un lugar triste, aburrido y en ocasiones hostil). Los cables VGA han formado parte de la mayoría de nuestros aparatos electrónicos hasta fechas muy recientes.

DVI

Utilidad y prestaciones de los cables DVI
Pero es ley de vida: el hijo sucede al padre, y también en este campo. Los cables DVI (DVI, qué curioso, también se suele escribir en mayúscula), o "Digital Visual Interface" (que se traduce por "Interfaz Visual Digital") son una interfaz de vídeo diseñada para conseguir la máxima calidad de visualización en pantallas digitales. La conexión por medio de cables DVI ofrece prestaciones que los estándares anteriores, como los cables VGA, ni soñaban. Sin embargo, si algo caracteriza la era digital es su desarrollo incontenible. Por lo que el hijo se convierte en padre para ser a su vez sucedido por su propio hijo... En román paladino: la tecnología DVI ya ha alumbrado su propio vástago: la tecnología HDMI.


HDMI (cómo no: es habitual escribirlo en mayúscula) quiere decir "High-Definition Multimedia Interface" ("Interfaz Multimedia de Alta Definición"). Se trata de una interfaz o norma de audio y vídeo digital, sin compresión, desarrollada especialmente para pantallas de alta resolución, Blu-Ray o similares. Los cables HDMI no sólo se presentan como los sucesores de los DVI sino también, y sobre todo, como sustitutos del euroconector. Los cables HDMI parecen ser, pues, el futuro de la electrónica, de la informática y hasta de la Fiesta Nacional. Pero algunos usuarios llevan meses mostrándose un tanto susceptibles con los cables HDMI. ¿Por qué?

Cables HDMI

¿Qué pasa con los cables HDMI?
Los cables HDMI pueden llegar a transmitir vídeo en alta definición 1080p y audio digital en ocho canales sin compresión. Los cables HDMI parecen, pues, los reyes del mambo: ¿cómo dudar que se llevan de calle a las chicas más guapas? Pero no siempre es oro todo lo que reluce. No porque los cables HDMI sean un "bluff", como pretenden -ansiosamente- algunos. Lo que el comprador ha de tener en cuenta a la hora de adquirir sus cables es la diferencia de precio que se encuentra cuando pasa a la sección HDMI. Pero ojo, y aquí nace la suspicacia en algunos consumidores desconfiados, nos referimos a diferencias abismales de precio... ¡entre los propios cables HDMI!


Así, junto a ofertas que van de los diez a los veinte euros, nos encontramos con cables HDMI que alcanzan... ¡los 250! ¿Fraude, error, timo, cachondeo? La verdad escapa a los conocimientos de este humilde servidor. Quizás lo mejor sea la prudencia y esperar a que el mercado madure. De momento no cabe duda de que pagar 200 euros, ó 100, por unos cables es, y perdonen la expresión, una "clavada". Tengamos pues cuidado. De igual manera que el oropel nunca fue oro, tampoco se venden duros a cuatro pesetas. Y así, repasando el antiguo refranero castellano, nos despedimos de tanto cable y tanto enredo.